Santa Biblia — Reina-Valera 1909 · RV1909

Salmos 39

Elegir capítulo 39 de 150
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1Al Músico principal, á Jeduthún: Salmo de David. YO DIJE: Atenderé á mis caminos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío fuere contra mí.

2Enmudecí con silencio, calléme aun respecto de lo bueno: y excitóse mi dolor.

3Enardecióse mi corazón dentro de mí; encendióse fuego en mi meditación, [y así] proferí con mi lengua:

4Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuánto [tengo de ser] del mundo.

5He aquí diste á mis días término corto, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.)

6Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta: junta, y no sabe quién lo allegará.

7Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.

8Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del insensato.

9Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste.

10Quita de sobre mí tu plaga; de la guerra de tu mano soy consumido.

11Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces consumirse como de polilla su grandeza: ciertamente vanidad es todo hombre. (Selah.)

12Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor: no calles á mis lágrimas; porque peregrino soy para contigo, y advenedizo, como todos mis padres.

13Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.